La ingesta elevada de fructosa puede conducir a un hígado graso.
La esteatosis hepática o hígado graso era una patología que solo veíamos asociada al consumo de alcohol. Ahora la vemos hasta en edades pediátricas.
Dr. Jose M. Esteban
3/8/20262 min leer
Hace solo unas décadas, el hígado graso (o esteatosis hepática), se consideraba uno de los primeros estadios de la cirrosis hepática. Su causa era el alcohol, y se consideraba una fase reversible todavía.
Existen tres fases de esteatosis: Inicial (I), establecida (II) y avanzada (III), desde el punto de vista ecográfico. La fase IV ya sería la cirrosis hepática.
En las últimas décadas ha aparecido el concepto de esteatosis hepática no alcohólica, y se ha empezado a ver un alarmante porcentaje de la población con esta enfermedad.
Nada menos que un 25% de la población general en España, según la Fundación Española del Aparato Digestivo, padece de hígado graso. Pero seguramente la incidencia es muy superior.
Y muchas veces, no se diagnostica hasta que no hay una elevación evidente de las enzimas hepáticas en los análisis, y ya está la enfermedad en un estadio II.
Lo que parece evidente, es la relación de esta condición con el consumo elevado de fructosa.
Una de las fuentes más importantes de fructosa es el jarabe de maíz alto en fructosa, un sustituto muy económico del azúcar que se introdujo en los años ’70, y que se utiliza ampliamente hoy en una gran cantidad de alimentos procesados y ultraprocesados.
No solo esta es la causa.
Las frutas actuales están modificadas genéticamente, con mayor contenido en fructosa para que sean más apetecibles y dulces. Su consumo habitual, en cantidad, en ayunas o entre horas, genera una carga de fructosa.
Existe una causa de hígado graso dependiente de la insulina: la dieta basada en el consumo elevado de carbohidratos.
Cuando los depósitos de grasa en las células adiposas del tejido subcutáneo y de la cavidad abdominal llegan a un punto, se comienza a almacenar la grasa de la glucosa sobrante en el hígado, páncreas y músculos. Este efecto es dependiente de la insulina.
Pero la fructosa se metaboliza principalmente en el hígado, de forma independiente de la insulina. El hígado la convierte en otros productos, precursores para la síntesis de grasas.
Una ingesta excesiva de fructosa puede saturar la capacidad del hígado para procesarla, y el exceso de estos metabolitos se convierte en grasa que se acumula directamente en el hígado.
Esta es la causa, de que muchas personas con hígado graso no alcohólico no estén necesariamente obesas.
Así, que tened mucha precaución con productos alimentarios que contengan estos edulcorantes con alto contenido en fructosa, y del consumo excesivo de frutas con alto nivel glucémico.
Y recordad, que es una fase reversible de la enfermedad, y que un cambio radical de estilo de vida es capaz de revertir esta condición y volver a un hígado normal y funcionante.